Ciclista con maillot de lunares escalando un puerto de montaña con público animando

En cada gran vuelta hay una carrera dentro de la carrera. Mientras el mundo se fija en el maillot amarillo, rosa o rojo, otros jerseys se disputan con intensidad propia: el de la montaña, el de los puntos y el de los jóvenes. Para las casas de apuestas, estas clasificaciones son mercados secundarios con menor volumen de apuestas. Para el apostador informado, son exactamente lo que parecen: oportunidades donde el mercado presta menos atención y, por tanto, comete más errores al fijar las cuotas.

La lógica es directa. Cuanto menos dinero mueve un mercado, menos incentivo tiene la casa de apuestas para afinar sus líneas. Los mercados de clasificación general del Tour de Francia se ajustan constantemente porque atraen millones de euros en apuestas. El mercado del maillot de la montaña del Giro de Italia recibe una fracción de esa atención, y sus cuotas reflejan un análisis más superficial. Esa asimetría de atención es la base de la ventaja.

Lo que necesitas para explotar estas clasificaciones no es información secreta sino un conocimiento más profundo de las reglas de puntuación, del perfil de los candidatos y de cómo evoluciona la competición a lo largo de las tres semanas. Vamos a diseccionar cada una.

La clasificación de la montaña: puntos que se ganan en las cumbres

La clasificación de la montaña asigna puntos en cada puerto señalizado del recorrido, con más puntos para los puertos de mayor categoría y para quienes coronan primero. En el Tour de Francia y la Vuelta a España, los puertos fuera de categoría y de primera categoría concentran la mayor parte de los puntos, lo que significa que las etapas de alta montaña son decisivas. En el Giro, la distribución es similar, aunque el Cima Coppi, el puerto más alto de la carrera, otorga puntos extra.

El candidato ideal para esta clasificación no es necesariamente el mejor escalador del pelotón. Es el corredor que puede ir en la escapada del día, coronar puertos con poca oposición y acumular puntos sin desgastarse en la batalla por la general. Históricamente, los ganadores del maillot de la montaña suelen ser escaladores de segundo nivel que sacrifican cualquier ambición de general para concentrarse en los puntos de montaña. Cuando ves a un corredor fuerte en la escalada pero sin opciones de general incluido en una escapada con puertos importantes, es una señal clara de que está cazando puntos.

El error más común al apostar a esta clasificación es asumir que el líder de la general ganará también la montaña. Ocurre a veces, sí, especialmente cuando un dominador absoluto como Pogačar en 2024 gana la general y la montaña simultáneamente. Pero en la mayoría de las ediciones, el líder de la general no tiene incentivo para disputar puntos de montaña porque su prioridad es gestionar esfuerzos para las etapas decisivas. Los puntos de montaña los recoge quien llega primero a la cima, y el líder de la general rara vez necesita ser el primero si controla la diferencia de tiempo con sus rivales.

La clasificación por puntos: más que un sprint

La clasificación por puntos se decide en los sprints intermedios y en las llegadas de cada etapa, con bonificaciones mayores en las etapas llanas. Sin embargo, reducir esta clasificación a un concurso de velocistas es un error analítico habitual. Los puntos también se reparten por posiciones de llegada en etapas de montaña, lo que favorece a corredores polivalentes que pueden sumar en diferentes terrenos.

El debate eterno en esta clasificación es si conviene apostar por el velocista puro que arrasa en las etapas llanas o por el todoterreno que suma puntos de forma constante sin ganar necesariamente los sprints. La respuesta depende del recorrido de la edición concreta. En un Tour con muchas etapas llanas, el velocista dominante tiene ventaja. En una Vuelta con perfil montañoso, el corredor que termina entre los diez primeros en montaña y entre los cinco primeros en las etapas más fáciles puede acumular más puntos que el sprinter que pierde veinte minutos en cada jornada de alta montaña.

Las reglas de puntuación varían ligeramente entre las tres grandes vueltas, y conocer esas diferencias es relevante. El Tour otorga más puntos en las llegadas en etapas llanas, lo que favorece a los sprinters puros. La Vuelta tiene una distribución más equilibrada que históricamente ha permitido a corredores de clasicómana competir por el maillot verde. Antes de apostar, revisa la tabla de puntos de la edición concreta y cruza esa información con el recorrido. El detalle marca la diferencia.

La clasificación de jóvenes: talento con plazo de caducidad

La clasificación de jóvenes premia al mejor corredor sub-26 en la general. A diferencia de la montaña o los puntos, no tiene un sistema de puntuación propio: simplemente refleja la clasificación general filtrando por edad. Esto la convierte en un mercado peculiar donde estás apostando, en esencia, a quién será el mejor joven en la clasificación por tiempos.

Lo que hace interesante este mercado es que la lista de candidatos es más reducida y predecible. En cada gran vuelta suele haber entre cinco y ocho corredores jóvenes con ambiciones serias de clasificación general, y el análisis se simplifica porque puedes comparar directamente sus opciones de general. Si un joven corredor tiene opciones reales de terminar entre los diez primeros de la general, probablemente ganará la clasificación de jóvenes salvo que otro joven termine por delante.

El valor en este mercado aparece cuando el favorito para la general joven tiene una cuota comprimida porque es también candidato a la general absoluta, y un segundo joven con menos ambiciones de podio pero con nivel para terminar cómodamente en el top 15 cotiza a cuotas mucho más generosas. Si el favorito joven abandona o tiene un mal día, el segundo se convierte automáticamente en líder de la clasificación sin haber hecho nada especial. Apostar al segundo o tercer favorito joven con cuotas de doble dígito, sabiendo que los abandonos en tres semanas son frecuentes, puede ser una estrategia con expectativa positiva.

Por qué estas clasificaciones están infravaloradas por el mercado

La razón fundamental es el volumen de apuestas. Las casas de apuestas ganan dinero con el margen entre las cuotas, y ese margen se optimiza donde hay más acción. La clasificación general del Tour genera miles de apuestas diarias; la montaña del Giro, quizá decenas. Con menos apuestas, la casa tiene menos incentivo para invertir recursos analíticos en ajustar las cuotas, y menos presión del mercado para corregir errores. Esta ineficiencia estructural es permanente, no circunstancial.

Además, las clasificaciones secundarias tienen dinámicas que los modelos estadísticos genéricos capturan mal. La montaña depende de las escapadas, que a su vez dependen de acuerdos tácticos entre equipos que cambian día a día. Los puntos dependen de quién sobrevive a las etapas de montaña, algo que no puede modelarse con precisión antes de la carrera. Los jóvenes dependen de abandonos y crisis de forma que son inherentemente impredecibles. Toda esta complejidad juega a favor del apostador humano que sigue la carrera día a día frente al modelo algorítmico que fija cuotas antes de la salida.

El otro factor infravalorado es la correlación entre clasificaciones. Si apuestas al ganador de la general y al maillot de jóvenes por separado, puedes diversificar el riesgo de forma inteligente. Si tu candidato a la general falla, quizá el joven que tenías como segunda opción recoge el beneficio. Pensar en las clasificaciones secundarias como complemento, no como sustituto, de las apuestas principales es una forma de construir un portfolio de apuestas más robusto a lo largo de las tres semanas.

La clasificación que nadie vigila y que paga en silencio

Hay una paradoja en las apuestas de ciclismo que pocas disciplinas deportivas replican: los mercados más visibles son los más eficientes y, por tanto, los más difíciles de batir. El ganador de la general del Tour de Francia tiene las cuotas más ajustadas del ciclismo porque todo el mundo opina, analiza y apuesta. El ganador de la clasificación de la montaña del mismo Tour recibe una décima parte de esa atención, y sus cuotas reflejan esa falta de escrutinio.

El apostador que dedica una hora a estudiar las etapas de montaña del recorrido, identificar qué corredores de escapada son los más probables cazadores de puntos y cruzar esa información con los objetivos declarados de sus equipos tiene una ventaja tangible sobre la casa de apuestas en este mercado. No es una ventaja enorme, pero sí consistente, y en las apuestas deportivas la consistencia vale más que el golpe de suerte.

Las clasificaciones secundarias no van a convertir a nadie en millonario. Pero para el apostador metódico que busca mercados con expectativa positiva, representan una veta que el grueso del público ignora. Cada gran vuelta ofrece tres clasificaciones secundarias principales, lo que significa nueve oportunidades al año solo en las grandes vueltas, más las que ofrecen las carreras de una semana que también puntúan por montaña y regularidad. Acumular pequeñas ventajas en mercados poco vigilados es una de las estrategias más sostenibles del betting deportivo. Y en ciclismo, estas clasificaciones son el terreno perfecto para practicarla.